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BABA YAGA

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BABA YAGA



Baba Yagá (en ruso Баба Яга) es un personaje recurrente en el folclore eslavo y la mitología eslava, especialmente rusa.

 
Baba Yagá es vieja, huesuda y arrugada, con la nariz azul y los dientes de acero y posee una pierna normal y una de hueso por lo que a menudo se le da el apelativo de "Baba Yagá Pata Huesuda". Estas dos piernas representan al mundo de los vivos y el mundo de los muertos en los cuales ella deambula. Baba Yagá es un ser perverso y cruel, pero no totalmente malvado; come personas, generalmente niños. Sus dientes le permiten romper huesos y desgarrar la carne con facilidad. A pesar de que Baba Yagá consume diariamente grandes cantidades de carne, ella siempre tiene ese aspecto delgado y huesudo. Baba Yagá vuela montada en un almirez (a veces una olla) y rema el aire con una escoba plateada. Baba Yagá no permite que ninguna persona "bendecida" permanezca dentro de su propiedad, siempre y cuando Baba Yagá sepa que la persona tiene una bendición.

Vive en una choza que se levanta sobre dos enormes patas de pollo que le sirven para desplazarse por toda Rusia. La valla de su choza esta adornada con cráneos, en cuyo interior coloca velas. La idea de una casa con patas de pollo podría derivar de las cabañas de ciertos pueblos finoúgricos, que las construían de esta manera para protegerse de los animales. Para entrar en la casa, Baba Yagá dice el conjuro "Casita Casita, da la espalda al bosque y voltea hacia mí". El interior de la choza siempre está llena de carne y de vino. También es resguardada por los sirvientes invisibles de Baba Yagá, los cuales aparecen como manos espectrales. Baba Yagá también tiene a su servicio a los caballeros blanco, rojo y negro, los cuales controlan el día, el atardecer y la noche.

Baba Yagá ha aparecido en diferentes historias del folclore ruso, y algunas de ellas muestran diferentes facetas de ella. En algunas, ayuda a la gente que le sirve. En otras se dice que guarda las "Aguas de la Vida y de la Muerte", pues es "la Dama Blanca de la Muerte y del Renacimiento". En otras dice que tiene dos hermanas llamadas como ella y con su mismo aspecto.

También se cuenta que envejece un año cada vez que le hacen una pregunta y que para rejuvenecer bebe un té hecho de las extrañas rosas azules, por lo cual recompensa enormemente a las personas que le traen alguna de estas rosas.

La figura de Baba Yagá probablemente deriva de "la Bruja", la tercer miembro de la Diosa Tripartita (Virgen, Madre y Bruja), símbolo de las tres edades de la mujer.

Baba Yagá es ampliamente usada por los autores de cuentos de hadas del ruso moderno, y desde los años noventa del siglo XX, en la "Fantasia rusa". En particular, Baba Yagá conoce a Andrey Belanin de sus libros en su ciclo "El servicio secreto del Zar-arveja", etc. La infancia y juventud de Baba Yagá por primera vez fueron descritas en la cuento "La bahía" ("Lukomorie") de A. Aliverdiev.

En las skazki, las narraciones populares rusas de tema maravilloso, aparecen una serie de personajes sobrenaturales cuyas raíces se hunden en el pasado más remoto del folclore eslavo. El más conocido es la bruja Baba Yaga, ambivalente ogresa del bosque que devora niños y viaja a gran velocidad montada sobre un enorme mortero.

Aparece como un malévolo torbellino salido de lo más profundo del bosque. Precedida por chasquidos de madera seca y una ráfaga de viento tempestuoso, surge de entre los árboles subida a su mortero, impulsándose con la mano del mismo y borrando con una escoba el rastro que deja en la tierra. Puede volar por el aire también, y entonces se asemeja a una nube oscura que amenaza con ocultar la luz del día.

Baba Yaga no resulta muy agraciada. Su aspecto corresponde al de una vieja horriblemente fea, alta y delgada, tanto que en algunos cuentos se la llama “Baba-Yaga pierna huesuda”. El pelo gris le flota enmarañado en torno a la cabeza, su nariz es aguileña y sus dientes largos, afilados y lo suficientemente resistentes como para roer con ellos el tronco de los árboles a los cuales huyen los protagonistas de algunos relatos. Esconderse de ella resulta una empresa difícil debido al magnífico olfato del que disfruta, aunque merece la pena intentarlo, pues de caer en sus garras es probable terminar en el horno de su casa, cocinados y servidos a la mesa de la bruja.


Baba Yaga vive en una construcción de madera, la izbushka (diminutivo de izba, casa tradicional rusa), que se asienta sobre dos grandes patas de gallina y se mueve por voluntad propia. Cuando llegan el héroe o la heroína del cuento, estos suelen encontrarla de espaldas al camino, con la puerta tapada por los árboles. Para poder entrar deberán recitar la fórmula adecuada, que puede consistir simplemente en: “Izbushka, izbushka, da la espalda al bosque y el frente hacia mí”.

A veces la izbushka parece más pequeña por dentro de lo que debería ser según su tamaño exterior, por lo que al mirar a través de la ventana se ve a Baba Yaga constreñida por las paredes de madera, con la cara aplastada contra la ventana y las piernas encogidas, como si el tamaño de la casa no fuese superior al de un ataúd. En otras ocasiones la casa es mucho más grande, y se encuentra dentro de un recinto rodeado por una valla hecha de huesos, festoneada por calaveras, con una puerta enmarcada por piernas esqueléticas cuya cerradura es una boca de dientes afilados.

Según la interpretación comúnmente aceptada, la casa de Baba Yaga se encuentra justo en el límite entre el mundo de los mortales y el de los espíritus, y la bruja es nada menos que la guardiana entre los dos mundos. Por ello los cuentos siempre la sitúan en el lindero de un frondoso bosque, a la orilla del mar, en la entrada de un mundo subterráneo… En este territorio fronterizo, el poder de Baba Yaga es inmenso: los animales le obedecen; el Día, el Sol y la Noche, personificados como caballeros con armadura están a su servicio; conoce el “agua de la vida” y sabe usarla para curar heridas y devolver la vida; posee incontables objetos mágicos, como, por ejemplo, garrotes que convierte en piedra todo lo que golpean, guslis (instrumentos tradicionales de cuerda) que toca solos o alfombras voladoras.

A Baba Yaga no se le conoce marido o consorte, a pesar de lo cual en algunos cuentos vive junto a sus hijas (hasta 41 según el relato). Estas suelen sufrir de forma indirecta los aviesos planes de su madre y las estratagemas del héroe para evitarlos. Cuando Baba Yaga ordena a su hija que lo meta en el horno, este acaba convenciendo a la muchacha de que entre ella primero y al final a quien se come la bruja es a su propia hija. Si Baba-Yaga ordena a sus sirvientes que maten al protagonista y a sus hermanos mientras duermen en la izbushka, estos cambian antes sus ropas con las hijas de la bruja, por lo cual los sirvientes, confundidos, las matan a ellas.

Baba Yaga es, en general, maléfica y cruel, persigue con tenacidad a los humanos que invaden su territorio y se alimenta de niños, jovencitas y viajeros perdidos. Sin embargo, por extraño que parezca, puede comportarse también de forma positiva, dependiendo del cuanto (y a veces muestras las dos caras en el mismo relato). Entonces ayuda al héroe o a la heroína dándoles ayuda y consejo, les proporciona algún objeto mágico o las indicaciones necesarias para llegar al mundo de los espíritus si así lo necesitan. Para obtener la ayuda de Baba Yaga primero deben demostrarle que no la temen y que saben cómo negociar con ella.

-Bibliografía:

Elizabeth Warner, Mitos rusos, Akal, Madrid, 2005, pp. 72-77.
Elizabeth Warner, Héroes, monstruos y otros mundos de la mitología rusa, Anaya, Madrid, 1986, pp. 85-89.
W. E. S. Ralston, The Songs Of The Russian People, Ellis & Green, London, 1872, pp. 61-64. (Consultado en la edición electrónica de Sacred Texts).

  

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